1. En el primer día abro el libro de las mil y una noches para sumergirme en la magia del verbo. En el principio era la palabra y por la palabra aprendí lo que era bueno y lo que valía la pena vivir aunque los otros dijeran que era malo. Por las palabras me abrí paso entre mis semejantes y el prójimo se hizo próximo. Por las palabras me adueñé del pensamiento y pensé, más que en cosas, en ideas. Pude entonces imaginar un mundo diferente.
2. En el segundo día vi a un charco transformarse en un océano. La espuma de las olas cobijó mis pies y el horizonte era una mancha azul. Mis pasos en el agua hicieron ondas y un barco de papel sobrevivió al naufragio. Jugué con las sombras y una breve inclinación era una montaña indescifrable. La hierba más breve era el pretexto para edificar batallas y conquistas. Corrí sobre un potro imaginario y alcancé lo imposible que habitaba en mí.
3. En el tercer día me puse un uniforme, caminé con los otros y en una mesa, observando un pizarrón, descubrí que la vida era más ancha que mi casa y una gota de agua más profunda que todo mi universo. Descubrí que antes de nosotros hubo muchos, igual de sorprendidos frente a todo. Y su sorpresa la hicieron conocimiento, y saberlo nos hacía cada vez más poderosos.
4. En el cuarto día un compañero se hizo amigo, y compartimos el asombro de sabernos vivos. Platicamos y las horas se hicieron solidarias. Lo que pasaba nos pasaba juntos, y aprendí que la vida es distinta cuando nos acompañamos.
5. En el quinto día supe del trabajo como fuerza que nos cambia mientras cambiamos al mundo. Y el trabajo era bueno cuando nos apropiábamos de él para sabernos útiles, cuando podíamos compartir el esfuerzo y el producto. Y el trabajo era terrible cuando se hace para que otro no trabaje. Cuando el sudor es apropiado y se expropian las ideas. Aprendí que la libertad es un sueño que se gana cada día, y que soy libre en comunión con otros hombres.
6. En el sexto apareció ella y me tocó con su magia, y mis labios nunca volvieron a ser míos. Mis ojos eran el pretexto para mirar su cuerpo, y su piel era un desierto donde la arena hacía de la noche un milagro cotidiano. Junto a su presencia lo demás palidecía. Juntos fuimos más que dos y poco menos que infinitos.
7. En el séptimo día ella apareció en mis brazos, pequeña y frágil como un diamante. Su vida el producto de nuestra vida. Ella era el motivo de mis desvelos y alegrías. Su rostro es la suma todo los enigmas. Cree que todo lo sé y me pregunta porque las jirafas tiene el cuello tan largo, y la nieve es tan fría, y el agua tan brillante y el aire tan ligero. Me pregunta cómo fui yo en mi primer día mientras se duerme en mis brazos tan confiada, como si no hubiese dejado en mis hombros un peso mayor a todos los soles que recuerdo.
8. El octavo día descanso. Me entrego a la pereza con el placer de un dios agradecido. Extiendo mi espalda sobre mi cama mientras cuento el aire que entra en mis pulmones. Descanso y duermo, respiro profundo y sueño. Ya habrá más días la próxima semana.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario