domingo, 19 de septiembre de 2010

La Hora, capítulo 14

11 : 57

Tengo doce años de edad, son las seis de la mañana cuando comienza a sonar el despertador, hace frío, sigue tan obscuro como si fuese de noche, tomo el despertador en mis manos, me divierte mirar al martillito ir de una campanilla a otra produciendo el ruido intolerable que me despierta diariamente.

La ropa me espera doblada en una silla, me visto despacio, cuesta trabajo terminar de abrir los ojos, uso unas botas con largas agujetas que me gusta atar formando un lazo grande, dejándolas colgar como si fueran orejas de conejo. Me dirijo a la cocina, de la alacena tomo la olla de peltre y la tarjeta que me permite adquirir la leche.

Es una tarjeta que muestra en una cuadrícula los días consecutivos de cada mes, semejante a un calendario. Al realizar una compra, la encargada de la lechería realiza una perforación, impidiendo que se hagan dobles compras. También sirve para verificar que asistas los días que te corresponde. Si muestras una tarjeta con pocas perforaciones indica que no asistes regularmente, entonces se retira el servicio y no puedes adquirir la leche al precio preferencial que ofrece el gobierno.

Casi siempre la fila en la lechería es enorme y hoy no es la excepción. Me formo detrás de varias señoras que ya se conocen, platican de las escuelas de sus hijos, del frío que se ha desatado los últimos días. Me entretengo mirando el cierre de mi chamarra y haciendo salir largas columnas de humo por mi boca.

La encargada perfora mi tarjeta, pago el importe de la leche y me entrega tres fichas, una por cada litro al que tenemos derecho. Introduzco las fichas en la máquina expendedora. El chorro de leche llena mi olla formando un circulo de espuma. Esto debe ser muy parecido a ordeñar las vacas.

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Me cuelgo la mochila al hombro, llevo en ella lo necesario para la escuela. Soy un buen alumno, estudio lo suficiente para obtener las mejores notas posibles, con eso consigo que los maestros no se metan conmigo, tampoco los compañeros, saben que les irá mal si le hacen algo al estudioso de la clase.

En el autobús recupero la hora de sueño que perdí al ir por la leche. Afortunadamente vivo cerca de la terminal y siempre encuentro asientos vacíos. Varias paradas después el transporte está lleno de personas impacientes y malhumoradas. Junto a mi lugar se para una señora que, cargando un niño, espera que alguien le ceda el asiento. Nadie lo hace, en esos momentos estoy dormido ó fingiendo que duermo, como todos los demás.

La escuela no representa mayores contratiempos. Asisto con la firme convicción de que el futuro será mejor si algún día voy a la universidad. He sido educado con esa idea y nada de lo que me ha ocurrido hasta los doce años parece contradecirlo.

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La casa está vacía cuando regreso de clases. Mis padres están trabajando y debo atenderme solo. Caliento la comida que me han dejado preparada un día antes. Enciendo el televisor. El noticiero de las dos treinta me acompaña. A mi edad muchas noticias son incomprensibles, es decir, entiendo claramente qué pasa, pero no veo las razones de porqué las cosas son así y no de otra manera. Cuando crezca aprenderé que el propio conductor del noticiero tampoco lo sabe.


Termino mis tareas temprano. Me da tiempo de ir a casa de un compañero para avanzar en un trabajo que debemos entregar en equipo. Regreso a mi hogar para ver a mi madre consumiendo las telenovelas, intercambiamos preguntas de rutina. Me hace un encargo de la tienda, salgo a cumplirlo y aprovecho para comprar el pan. Mi padre llegará más tarde.

Cenamos mientras vemos una serie de televisión, debo acostarme antes de las nueve de la noche si no quiero sufrir para levantarme. No me siento cansado al momento de ir a la cama, únicamente percibo dentro de mí una ligera inquietud, algo que me promete cierta libertad dentro de algunos años, cuando no sea necesario levantarme temprano para comprar leche barata, ni llegar puntualmente a la escuela, ni comer comida recalentada, ni hacer trabajos en equipo, ni comprar el pan. Algo deberá ocurrir en el futuro.

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