11 : 21
Estoy acostado sobre una tabla acolchonada, me despierta la sensación de mi saliva escurriéndome por la mejilla, no reconozco el lugar, en la pared hay fotografías de hombres y mujeres luciendo musculaturas impresionantes, percibo un penetrante olor a vómito, levanto ligeramente la cabeza, distingo diferentes aparatos para levantar pesas, estoy en un gimnasio. Me pongo de pie, camino entre las poleas y barras que asemejan instrumentos de tortura. Tengo sed y un mal sabor de boca, en el fondo del salón se encuentran los baños, camino hacia ellos. Mojo abundantemente mi cabeza, me veo en el espejo, mi reflejo es el mismo de siempre, eso me tranquiliza. Comienzo a recordar.
22
Cuando Marta se fue me dejó confundido, sin entender cabalmente lo que había ocurrido, llamé por teléfono a Ismael para compartirle mi desdicha, me dijo que habían organizado una fiesta en casa de Rudolf para esa noche; podíamos vernos ahí y platicar con más calma.
Salí a caminar, me sentía como si hubiera recibido una paliza y los golpes aún no se hubieran enfriado, el dolor comenzaría a sentirse dentro de poco, no quise esperar hasta la noche estando totalmente sobrio, decidí comprar una botella de mezcal barato y beberla lentamente hasta que fuera hora de ir a casa de Rudolf.
Me pasé las horas del día sentado en el sillón, dando discretos sorbos a mi bebida, evitando al máximo pensar, permitiendo al alcohol ocupar lentamente mis sentidos, era una dulce sensación de abandono, mis ideas dejaron de circular por el cerebro. No sentí hambre ni sueño, me movía sólo si era indispensable, durante ese tiempo fui un bulto ajeno a cualquier indicio de vida. Apenas obscureció me encaminé a la reunión con mis amigos, confiando en mi instinto para cruzar la ciudad sin perderme.
23
Había mucha gente en casa de Rudi, únicamente reconocí a la pareja que estaba con la Alicia la primera vez que los visité, la borrachera de mezcal estaba ligeramente oculta, esperando un pequeño impulso para tomarme nuevamente por asalto, le di esa oportunidad sirviéndome un generoso trago de vodka y naranjada. Reanimado busqué a Ismael, lo encontré platicando con una mujer bastante aceptable, me acerqué sintiendo florecer dentro de mí la euforia proporcionada por la nueva dosis de alcohol en mi sangre.
Al extender mi mano para saludar a Ismael debo haber sonreído como estúpido porque él y su acompañante se movieron hacia atrás inmediatamente; quise platicarles la historia de lo ocurrido en la mañana pero sólo escupí un montón de palabras sin sentido. Ismael rodeó mis hombros con su brazo y me sentó en un sillón.
No te muevas - me recomendó -, quédate aquí mientras se te baja un poco la borrachera, ahora estoy ocupado, regresaré por ti más tarde.
Quedé sentado hecho un idiota, sonreía a las parejas que bailaban y saludaba a todos los desconocidos. Alicia se acercó a saludarme pero cuando notó mi estado se alejó lo más posible. Bebí de algunos vasos que casualmente se detenían en la mesa de centro que había frente a mí, era la mesa que Rudolf destrozara la ocasión pasada, el carpintero la reparó bastante bien. Necesité ir al baño; torpemente llegué al retrete y deposité en él una abundante cantidad de orines, salí con rumbo a la sala pero mis pies decidieron introducirme a una recámara.
24
Recargado en la cabecera de la cama estaba Ismael, abrazando a la mujer guapa con quien lo había visto momentos antes, cerca de ellos otra mujer, al parecer su amiga, balbuceaba sin quitar la vista de un cuadro que colgaba en la pared. Ismael se puso de pie para hablarme al oído:
- Llévatela de aquí, por favor, hemos querido sacarla pero insiste en contarnos todas sus desgracias.
- No te preocupes, voy a hacer algo - contesté.
Me senté junto a ella, acaricié su cabello, no se movió, lo interpreté como una aceptación y me atreví a rodearla con un brazo mientras besaba suavemente su cabeza.
- ¿ Qué pasa ? - pregunté.
- No te importa - contestó.
- Tienes razón - repuse y me volví a mirar atentamente el mismo cuadro que ella veía, giró entonces hacia mí, me besó la mejilla y colgó sus brazos de mi cuello.
- Es que lo quiero mucho - dijo.
- Yo también la quiero mucho y hoy me avisó que se larga a vivir con otro tipo - contesté.
- Son unos hijos de puta - añadió.
- Si, todos son unos hijos de puta - finalicé.
Nos besamos largamente. Ismael caminó con rapidez hacia la puerta asegurándola para evitar más visitas desagradables.
- Les toca la mitad de la cama - nos dijo mientras apagaba la luz.
25
Mi pareja estaba tan ebria como yo, nos acariciábamos torpemente al tiempo que intentábamos quitarnos la ropa, usaba pantaletas de encaje blanco que permitían ver un obscuro bosque de vello púbico, me excité e introduje uno de mis dedos en su vagina, ella suspiró empujando sus caderas para que la alcanzara más profundamente. Nos metimos a la cama y terminamos de desnudarnos bajo las cobijas, me aferré a su cintura y la penetre con fuerza, ella me abrazó murmurando - gracias, gracias - no entendí entonces y no entiendo ahora su agradecimiento.
Cualquiera que ha tenido sexo en medio de una borrachera sabe que el alcohol te permite retardar indefinidamente la eyaculación, yo aproveché esta circunstancia para alargar nuestros juegos sexuales: ella encima de mí, yo encima de ella, ella chupando mi pene mientras yo lamía su coño, nuevamente montada en mí, ahora sus piernas en mis hombros, cambiamos de posición y aprovecho para acariciar sus pechos con mi verga. Cuando sentí que, fatigado, iba a perder mi erección, me hundí en su cuerpo como si quisiera ahogarme en él, mordí uno de sus hombros permitiendo que un chorro mi esperma saliera de una buena vez; fue un orgasmo largo, acompañado por los gritos ahogados de mi compañera.
Abrazados, con los efectos de la bebida bastante diluidos intentamos dormirnos. La cama comenzó a agitarse, era Ismael quien ahora le daba con su amiga, esa mujer era verdaderamente escandalosa, ¡ estoy bien caliente, estoy bien caliente, no te vengas ! - exclamaba -, verlos coger terminó por animarnos, volvimos a hacer el amor, la idea de la cama comunitaria había resultado bastante afortunada: si una pareja parecía perder aire, la otra ayudaba con su ejemplo. Para desgracia nuestra, no poseíamos energía infinita, cuando llegó el momento en que los cuatro nos cansamos, la cama dejó de moverse y dormimos exhaustos.
26
Debían ser las tres de la mañana cuando mi nueva amiga se despertó alarmada:
- Tengo que irme, es muy tarde - me dijo en voz baja -, te dejo mi teléfono, llámame.
Me extendió un trozo de papel donde se leía “ Claudia ”, seguido por un número. Encendió la luz para retocarse el maquillaje y abandonó la habitación enviándome un beso a manera de despedida. Yo estaba aturdido todavía, a mi lado Ismael y su pareja roncaban plácidamente, intenté dormir pero fue imposible, me vestí para regresar a la sala.
En la fiesta quedaban aún varias personas, en un sillón distinguí a Rudolf platicando con un tipo enorme, en su espalda podía colgarse fácilmente una manta publicitaria, cuando hablaba daba palmadas en el hombro de Rudolf quien se veía bastante tranquilo en compañía de ese gorila, no había más sitio donde sentarse que a su lado. Me serví un trago y me acomodé junto a ellos.
- Tomás, te presento a Francisco - dijo Rudolf señalándome.
Al extender mi mano para saludarlo el gigantón aprovechó para demostrarme su fuerza haciendo puré mis dedos. Al llegar había interrumpido una discusión acerca de deportes que reanudaron después de saludarme. La plática no resultaba demasiado interesante, dejé de ponerle atención fingiendo seguirla mientras bebía recordando los momentos anteriores con Claudia, noté entonces que fue hasta que me dio su número telefónico cuando me enteré de su nombre.
Estaba inmerso en mis pensamientos cuando Tomás preguntó mi opinión acerca de la selección de fútbol holandesa de 1974, dije que si, que sin duda eran los mejores. Error, en ese momento él trataba de demostrar que aún jugándose en otro país, la selección de Alemania hubiese ganado ese campeonato mundial. Se olvidó de Rudolf y enfocó toda su argumentación en mí; no opuse demasiada resistencia, apenas la suficiente para que no notara que le estaba dando por su lado, terminé cayéndole bien, preguntó que estaba bebiendo, cuando le dije que vodka se levantó para acercar una botella casi llena, insistió en que la bebiéramos sin mezclarla, según él, era mejor si queríamos evitar que afectara nuestro metabolismo. En su plática utilizaba mucha jerga de físico - constructivismo.
Del fútbol pasó al basquetbol, de ahí a los deportes de pista y campo, después natación, regresó al fútbol; en todos los casos comenzaba con una descripción detallada de las ventajas que proporcionaba levantar pesas para mejorar el rendimiento, para todos los casos existían ejercicios que harían de cualquier alfeñique un atleta consumado; una vez detallados estos aspectos, comenzaba a enumerar representantes de cada disciplina que podían haber superado sus marcas mediante rutinas adecuadas, hacía una pausa esperando mi asentimiento, continuaba entonces añadiendo ejemplos que comprobaban su teoría.
Un par de horas más tarde habíamos consumido medio litro de vodka y agotado la paciencia de nuestros anfitriones; Rudolf estaba medio dormido con la cabeza recostada en las piernas de Alicia; no habían podido entrar a su recámara que seguía ocupada por Ismael. Tomás parecía tener cuerda para tres días más de juerga, ahora me contaba historias de su gimnasio, insistiendo en que tocara sus bíceps, su pecho, los tríceps.
Levanto 180 kilos en sentadilla - afirmó -, hice una expresión de duda lo que sirvió de pretexto para que, tomándome en sus brazos, se agachara y levantara tres veces consecutivas.
- Vámonos -, me ordenó mientras me regresaba al suelo.
- Tengo sueño -, me atreví a decirle.
- No importa, allá te duermes -, dijo sin darme más oportunidades de escapar.
Me despedí apuradamente de Alicia, quien levantó una mano agradeciendo que por fin saliéramos de ahí. Una vez en el auto de Tomás me dormí profundamente, cuando recuperé la conciencia estaba sobre la tabla de abdominales.
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