11:00
Trabajaba en el cuarto oscuro de un periódico, revelando las fotografías y los negativos que conformaban las páginas del diario matutino. La jornada comenzaba a las ocho de la noche terminando en las primeras horas de la mañana siguiente. Era un sitio triste, la penumbra hacía imposible ver más allá de mis manos. Cuando mis ojos se acostumbraron a ver en ese ambiente, al salir de trabajar, el sol me molestaba. Caminar por la calle durante del día era más difícil: la luz no me dejaba ver. Era un ciego de la luz.
Cobré esa tarde, aparté el dinero para la renta, pagué mis deudas y descubrí que me quedaba apenas lo necesario para sobrevivir dos ó tres días. Me sentí desolado. Era evidente que algo no funcionaba, quizá era yo mismo quien no funcionaba. Entré a mi cuarto y me tiré en la cama, miré el techo durante horas, sin desear otra cosa que permanecer echado.
Pasarme la vida haciendo lo que no quiero y además estar jodido, estar jodido, estar jodido… había caído en un círculo, estaba perdiendo mi salud mental, no conseguía dejar esa idea, su eco me impedía concentrarme en alguna otra cosa, estar jodido… estar jodido… estar jodido…
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario